No es que merezca mucho la pena desmontar la mercadotecnia falaz de un producto dirigido a clientes con grandes presupuestos y menguado pensamiento crítico, pero mientras espero resultados de una simulación, casualmente en física aplicada a mediciones extremas, pues vamos allá.
En mi opinión, es habitual que el audiófilo "creyente", aquel que gasta cientos de miles de dólares en audio High-End, sea una persona con escaso interés en acústica, mecánica de fluidos, física en general.
No digo que todo audiófilo millonario sea un lego en ciencias, sólo que, en mi opinión, no son mayoría.
Entre las "alabanzas" (de pago) a este producto en particular, se mencionan unos parámetros de variación de velocidad muy ajustados.
Extrapolando lo que afirman en el anuncio, su arbitraje es, con una exactitud semejante al cambio de la deriva en la precesión terrestre (perturbación observable cada 260 siglos), más que dudoso en los valores del folleto publicitario.
Esta deriva, influenciada básicamente por la excentricidad dinámica de la órbita lunar, también provoca disturbios significativos en la velocidad instantánea de la rotación terrestre sobre su eje, afectada por las mareas en un ciclo que, básicamente, es de retroalimentación en los valores gravitacionales terrestres y de realimentación el el entorno del tocadiscos. Porque el tocadiscos es parte del sistema y, como tal, esta sometido a irregularidades vibratorias, gravitatorias, y otras más sutiles.
Una de las menos sutiles, entre las sutiles, es el gradiente de temperatura del líquido cloquear en el oído interno.
Sus variaciones se hallan varios órdenes de magnitud por encima de la estabilidad de giro del plato.
Plato que a su vez incorpora las desviaciones en la inestabilidad del motor, circuito de control, etc.
Estos cambios, pequeños pero mensurables, incluso con un simple disco de Euler, no hacen más que poner de manifiesto lo absurdo del argumento comercial. Pues la referencia de medición es metrológicamente menos eficaz que el objeto a medir.
Debido, entre otras cuestiones, a que se trata de un tocadiscos con tracción por correa.
Esta correa, se comporta como un muelle-péndulo, con dos grados de libertad.
El surco en una grabación de vinilo es un muelle en choque inelástico con la aguja fonocaptora, de un grado de libertad.
Su inelasticidad se ve afectada por el valor instantáneo de amplitud longitudinal de crestas y la amplitud de los valles entre estas.
Esto es, la frecuencia fundamental esculpida en el surco del disco.
Estas variaciones transmiten fuerzas de tracción y compresión que la configuración molecular de la correa no puede compensar, por lo que la precisión cae abruptamente en función de la distancia al centro del disco, la frecuencia grabada, las micro-variaciones térmicas ascendentes a nivel del mar, las resonancias inherentes al sistema plato/motor/correa, de los errores de excentricidad del disco, de la separación entre crestas/valles en función del radio del surco, y otra docena de variables mecánicas, incluido el latido del corazón del oyente a un metro del complejo sistema disco/aguja/altavoces.
De diez afirmaciones en la publicidad, encontré que ocho de estas son falacias.
Desgrano las dos que me atañen profesionalmente:
En una sección de la nota descriptiva, afirman que el uso de suspensores Skyhook disminuye el problema del aislamiento mecánico.
Es falso en este contexto. El control por Skyhook es válido cuando hay grandes variaciones de velocidad lineal respecto del anclaje y muy pequeñas en el eje transversal.
Luego afirman:
"De hecho, incluso vibraciones diminutas en el el rango de nanómetros hasta picómetros todavía se aísla de manera eficiente debido a los actuadores sin contacto."
A esta escala, las mediciones abandonan la física clásica pata adentrarse en el Radio de Bohr, Longitud de Compton y resto del salvaje paisaje cuántico. La medición instrumental, aunque posible, no tiene consistencia a lo largo del tiempo.
Un experimento mental para visualizar este atrevimiento seria:
Idealicemos una pila de 10V, cargada al 100%, que en un año se descarga al 50%.
La medición la realizamos con un voltímetro estándar, pero lo mismo da si empleamos sondas de fibra, redes Bragg, bolómetros, etc.
Olvidar las leyes de Ohm y de Kirchhoff es mandatorio en este escenario, pues solo atenderemos al vector Poynting y ecuaciones de Jefimenko
El voltímetro está en mi casa, la pila en Alfa Centauri. Cuando mido, el instrumento marcará 10V. Un año más tarde marcará 10V.
Marcará 10 volt por siempre, debido el frente de onda en la medición.
Vuelta al principio de la medición:
Conecto las puntas al voltímetro, mido 10 volt, y desconecto.
Un segundo después, vuelvo a conectar y el valor es 0, pero varios años mas tarde el campo eléctrico volverá a ser mensurable en el voltímetro.
La escala, aquí exagerada, es similar a la de las mediciones en rango de picómetros, pretendida por Thorens.
Hay otras afirmaciones del relator, que implican seis sigmas (6σ) en los procesos de fabricación, pero salvo que fabrique un millón de unidades por año, harto difícil será comprobarlo.
¿Habrá demanda de un millón de unidades al año? Veamos:
Si facturan 1.000.000u x 220.000€ obtendrán 220.000.000.000€.
(Mas o menos el PIB anual y nominal de Hungría, La Patagonia o la Comunidad Valenciana).
A nivel global necesitarán producir durante diez años, para mantener EBITDA saludable.
2,2 billones de €uros.
A Thorens le convendrá más fundar un país propio que vender tocadiscos belt-drive.
(Esto del millón de unidades es un pensamiento disgregado propio).
Broma aparte, tras ver el panorama en el argumentario Hi-End, me es difícil olvidar que existen personas terraplanistas que emplean telescopios y herramientas de informática forense para defender sus premisas; o astrólogos con un completo dominio de efemérides seculares y logaritmos a seis decimales.
Lo que importa no es el tocadiscos, sino el placer que nos genere la música que reproduce.